Me encuentro en el taller mecánico número veintiuno, es el momento indicado de hacer una revisión exhaustiva y voltear un poco a ver el sendero que he recorrido, aunque no puedo evitar sentir pánico y pensar que he arrollado a más de un peatón, seria devastador en este momento darme cuenta de que no he avanzado mucho a pesar de el kilometraje con el que cuento.
Los miles de cambios de aceite, la múltiples renovaciones de hojalatería y pintura, la continua carga de combustible que he realizado me han servido para llegar a una madurez y gradualmente convertirme en un mejor elemento, capaz de ser amoroso, sensible y conciente, teniendo en cuenta que las multas por el exceso de velocidad, son merecidas, pero aún así estas no podrán truncar el camino, que si hay una ponchadura siempre habrá un parche para sanar y evitar que me quede a la orilla; me es necesario darme cuenta que un lavado de motor solo me quitará la suciedad de la superficie, pero despegará las costras de mugre interna, que tendré que sacar de fondo todo ese cochambre, relajarme, aguantar, raspar fuerte y profundo en las paredes de los contenedores centrales para que todo se despegue y expulsar eso que inhibe el desempeño óptimo. A pesar de estar consciente de lo que me puede pasar, no soy inmune y me es imposible evitar que el camino se cubra de niebla, nunca podré impedir que el espesor de esta sea denso y ni posiblemente en ese momento ni el brillo de un faro logrará iluminarme; he perdido la cuenta de los baches en que he caído, y me ha sido necesaria la ayuda de algunas grúas que me pongan de nuevo sobre la avenida, que los especialistas me aseguren de que solo fue un pequeño hundimiento, que todo se encuentra en su lugar y nada se ha esta dañado, que me es posible seguir, pues a todos nos pasa y claro que se puede continuar; sé que esto llevará un tiempo y seguramente se retrasará y/o detendrá mi tiempo de avance hacia la cima.
Dejando de lado los múltiples contratiempos y recordando alguno de mis pasajes puedo sentirme satisfecha de ser prudente, solidaria y aventurera, además de estar eternamente agradecida por los miles de mecánicos con los que me he encontrado y ahora cuento, mismos que me han hecho recordar y darme cuenta que soy más que una Máquina y que siempre es posible disfrutar y avanzar muy a pesar de no poder ir por donde tu quisieras conducir.
Menos mal que nací en una época
en la cual no existen los androides;
porque perfectamente hubiera podido ser uno de ellos,
y el sexo para mí habría sido solo una fantasía
Pero puedo respirar profundo, aliviarme,
porque aunque creo en la reencarnación,
se que las maquinas carecen de espíritu.
(C)ristian Andrés B.C.
..(“•.¸(“•.¸*¤*¸.•`´)¸.•`´)…
♥ღ* MaRiPoSa dE MeNtA*ღ♥